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ARTES ESCÉNICAS
DE ASIA

AUTORES


Letras de resistencia y re-apropiación en Arundhati Roy
por: Ana María Betancourt Ovalle
Estudiante de Literatura, Universidad Javeriana, Bogotá

Sep. 2020



Leer a Arundhati Roy es encontrarse con sus luchas, sus creencias, su historia de vida, pero especialmente, con la complejidad de la India contemporánea; leerla es un hallar a una mujer que no tiene miedo de hablar y que denuncia a través de la palabra las asimetrías del actual mundo globalizado.

Esta escritora proviene de Shillong, India, una ciudad más cerca de Bangladesh que de Nueva Delhi. Nació en plena época poscolonial de la India y de la Guerra Fría (en el año 1961), lo que se va a ver en su lectura sobre el mundo y su propuesta literaria.  

Desde que Arundhati Roy era una joven supo que en algún momento de su vida escribiría una novela, pero en sus primeros años no fue el mundo de la literatura el que copó su tiempo. Primero fue a estudiar arquitectura a Nueva Delhi, esta profesión nunca la apasionó del todo, sin embargo, le sirvió como fundamento para estructurar sus obras más adelante. Después de egresada, ingresó al mundo del cine como actriz y guionista, pero poco a poco aquella fuerza que la halaba hacia el mundo de la literatura la cautivó y en el año 1997 publicó su primera novela El dios de las pequeñas cosas. Todas sus obras tanto de ficción, como las de no-ficción están escritas en inglés, pero con muchas palabras en malayalam, el idioma de Kerala (India), de esta manera utiliza el idioma de los colonizadores británicos, pero cuestionándolo, sacándolo de su privilegio y resignificando aquel exotismo con el que narraban a India para contar la realidad en la que vive desde un estilo realista.

Posteriormente comenzó a acercarse a la no-ficción teniendo la consciencia de que las letras no serían suficientes para generar un cambio en el mundo, sino que eso es algo que solo puede alcanzar el activismo, por eso comenzó a ser activista en temas ambientales, de género y políticos.

too much blood for good literature” and that the only answer to this excess of violence, injustice and brutality would be non-fictional, in the sense of non-fiction writing, but also of abandoning the search for the literary in order to engage in political activism” (Menazzi, 2019, p. 31).

En este período publicó muchos artículos periodísticos cuestionando la democracia, el capitalismo, el neoliberalismo, el sistema de castas, los ataques de Al Qaeda y la violencia generada desde la Casa Blanca.

Finalmente publicó su última obra literaria, El ministerio de la felicidad suprema, en el 2017. En esta obra muestra su compromiso político y su posición con respecto al orden social, económico y político del mundo.

Los textos de no-ficción de Arundhati Roy han sido abundantes y muy críticos, en estos evidencia su posición anticapitalista, anti-neoliberal y en pro de los derechos humanos, el equilibrio de la actividad humana con la naturaleza y la equidad de género. Entre algunos de sus textos de no-ficción están: The Algebra of Infinite Justice, War Talk, Public Power in the Age of Empire y Capitalism: A ghost Story.

En The algebra of infinite justice, Roy habla sobre el plan de “justicia infinita” (después llamado de “libertad infinita”) de EEUU para justificar su incursión en Irak y los múltiples asesinatos que cometieron estando allá. Pero su reflexión no se queda en el mero contar de los hechos, ni en el hecho aislado, sino que trasciende a una reflexión sobre el imperialismo estadounidense como una política sistemática que va a los países denominados del Tercer Mundo con esa falsa promesa de ayudarlos para que alcancen el progreso a costa de explotar a la naturaleza y a la gente.

A propósito de esto dice:

Cualquier país del tercer mundo, con una economía frágil y una base social compleja, debiera haber llegado a comprender que invitar a su casa a una superpotencia como EE.UU. (no importa si dice que se va a quedar o si está de paso) sería como invitar a un ladrillo a pasar por tu parabrisas (Roy, 2001, p. 5).

De la misma manera procede en su artículo Public Power in the Age of Empire, en el que define, en primer lugar, la palabra sarkar o público para luego evidenciar que en la actualidad es imposible un alcance de lo público con la manera en que las democracias –especialmente las occidentales– funcionan. Arundhati Roy define sarkar/público como una palabra proveniente del hindi que significa gente (people), es decir, que conlleva a que todo lo público tiene una constancia de la voluntad de la gente y no es un asunto meramente gubernamental. A esto añade que lo público es, además, una forma de resistencia masiva al colonialismo económico. Siendo esta la definición, Roy (20014) se pregunta “The question is: is "democracy" still democratic?” (p. 3). Estados Unidos ha juzgado a los iraquíes por el terrorismo de Al Qaeda, cuando en realidad ellos no los eligieron democráticamente, mientras que los estadounidenses sí eligieron con el voto a Clinton, Reagan, Bush y Nixon. Pero lo más problemático no es que los hayan elegido, sino que una gran porción del pueblo estadounidense ha hecho movilizaciones masivas en contra de las políticas bélicas de sus presidentes en Irak, Afghanistán y Vietnam, pero la voluntad de la gente no es tomada en cuenta por sus dirigentes ¿entonces dónde está el carácter público de la democracia? Roy finaliza diciendo que las guerras son el resultado de paces injustas, lo que habla mucho de la construcción de la historia oficial en países donde se derrota a uno de los bandos y se cuentan los hechos desde la versión del vencedor, silenciando arbitrariamente a su contraparte.

Esto es –a grandes rasgos– de lo que trata la obra de no-ficción de esta autora. En cuanto a sus obras literarias, no por despegarse un poco de la realidad fáctica y abrirle paso a la imaginación, se desentienden del compromiso político de Roy. Incluso, me atrevería a decir que ella utiliza el realismo por aquel compromiso con la verdad que forjó en sus años de escritura de no-ficción.

En El dios de las pequeñas cosas cuenta la historia de Rahel y Estha, dos hermanos mellizos, que son inseparables en su infancia y al crecer se separan, pero siempre guardando una conexión entre ambos: por un lado, Rahel guarda en ella un vacío que la acompaña incluso cuando hace el amor, se casa, migra y regresa a la India. Por otro lado, Estha guarda un silencio que se acrecienta hasta el punto de que se sale de la mediación del mundo a través del lenguaje llegando a pensar, soñar y comunicarse sin el uso de las palabras.

Tal vez, el personaje de Estha habla de quienes han sido subalternizados, de quienes ocupan los rincones de las ciudades modernas que se han construido dejando grandes desigualdades sociales. Pues alguien que vive en un país del llamado Primer Mundo nunca sabrá de quienes viven en la pobreza del Tercer Mundo, pues los medios no les dan un espacio de aparición en sus programas informativos, de manera que siempre están en un silencio que los hace casi inexistentes. El silencio de Estha comenzó a transformarse en una especie de camuflaje entre él y el espacio que habitaba, haciéndolo casi imperceptible, casi borrable para las demás personas.

Quisiera detenerme en uno de los episodios que se narran a cerca de la muerte de Sophie Mol, una niña hija de una inglesa y un indio que muere arrollada por un automóvil. Nadie se hace responsable de su muerte, pues el gobierno de la India solo protege a sus ciudadanos en espacios urbanos institucionalizados. “El gobierno no pagó el entierro de Sophie Mol porque no la atropellaron en un paso de cebra” (Roy, 1997, p. 16). Lo que hace que regrese el concepto de sarkar desarrollado anteriormente, pues el gobierno (constituido por un modelo de democracia occidental) no actúa en conjunto a la ciudadanía, sino que la mantiene marginalizada.

En esta novela la naturaleza ocupa un lugar protagónico como víctima de la explotación humana, pero además se muestra tan sufriente como aquellas personas oprimidas por la jerarquía social. Durante el funeral de Sophie ella aparece más viva que nunca, tanto así que se dice que ella murió en realidad por su entierro cristiano y no por ser arrollada por un carro. Ella interactúa con Rahel durante la ceremonia y le muestra un pequeño murciélago que escala sobre el sari de Bebé Kochamma (la tía abuela de Rahel). Cuando Bebé se da cuenta del murciélago hace un escándalo y lo tilda de animal repugnante; así de grande es el tamaño de la distancia que se ha ido erigiendo entre el ser humano y la naturaleza. Mientras se espanta este murciélago, se espanta la presencia de Sophie, quien al ser sepultada se deja en el olvido y se le impide su posibilidad de estar presente de una manera distinta, se le pone el imperativo de morir cristianamente, considerando la muerte como el fin de la vida y el viaje a otra dimensión en donde ya no habrá contacto entre el fallecido y quienes siguen vivos.

En la novela también se hace evidencia de la caracterización de las ciudades modernas neoliberales como aquellos lugares heterogéneos, llenos de matices, globalizados y complejos cuando se habla de Ayemenem, el pueblo ubicado en el estado de Kerala en donde ocurre la mayor parte de la historia. Este se narra como un pueblo en el que hay un río lleno de pesticidas comprados con préstamos del Banco Mundial, casas nuevas flamantes (como feudos) para empleados de la banca, escuelas para niños intocables (niños de poblaciones tribales, de castas inferiores), iglesias cristianas, clubes de kung fu, guarderías para los tocables (niños de la élite, usualmente hijos de británicos), tiendas de comida, puestos de revistas sobre crímenes casi pornográficos (en la manera amarillista en que narran los hechos) y la sede del partido comunista (influencia soviética).

Así se han constituido las ciudades desde el imperativo de desarrollo y progreso occidental. Esta es la evidencia del poscolonialismo, donde ya no hay cabida de la vida desde definiciones propias, sino que solo hay una forma de vida posible: el capitalismo europeizante. A su vez se evidencia el contexto de la Guerra Fría después de la independencia de India, llega la Unión Soviética intentando extender el comunismo por toda Asia para ganar más adeptos. Toda esta combinación, más los rasgos de lo que quedó de las tradiciones de Kerala dejan como resultado a esta ciudad tan compleja.

A partir de este tipo de descripciones esta novela recoge rasgos del realismo y tratando de mantener un compromiso con la realidad. Sin embargo, no se queda en la victimización, ni en el exotismo de Kerala, sino que, desde la forma, desde el lenguaje, extrae las raíces coloniales del inglés y lo hibrida con el malayalam, apropiándose del mundo que construye y reviviendo aquella lengua que había sido tildada como un dialecto, como una forma de comunicación no-oficial, no-seria, no-reconocida.

Este tratamiento del lenguaje y de la realidad se conserva en su segunda novela, El ministerio de la felicidad suprema, pero añadiéndole la pregunta sobre el género y sobre cómo es habitar las márgenes entre las categorías en que se ha fragmentado el mundo. Como lo explica Fillipo Menazzi (2019), su realismo es entendido como una forma de representación de la realidad abierta a la mirada y a la interpretación, no como una sentencia o una narración transparente –usual en el realismo–, tanto así que la autora abre la puerta a un mundo alternativo, e incluso es esa ficcionalización hace resistencia al concepto de realidad.

En esta novela se narra la historia de Anyum (o Anyuman) una niña a la que la partera confunde con un niño el día de su nacimiento en los barrios masificados de Delhi. Cuando se le declara varón, su madre se alegra porque había estado esperando parir un hombre hacía mucho tiempo. Sin embargo, un día que la estaba bañando descubre que tiene una vagina, esto lo asume como un error hasta el punto de creer que su vagina es solo algo temporal, una especie de cicatriz que cambiará. Todo esto va moldeando a Anyum/Anyuman de manera que queda en un jwabgah o puesto fronterizo y crece reconociéndose a sí mismo/a como una reunión (mehfil), com hijra.

En esta novela la autora utiliza una combinación de urdu e inglés, lo que hace que, incluso en el lenguaje de la obra, haya una posición fronteriza. En el urdu todas las palabras tienen género, de manera que Anyum/Anyuman se presenta como una persona situada en la frontera, pues no se deja categorizar en ninguna definición binaria de género.

Es importante decir que ese reconocerse como persona en la frontera hace que se vuelva blanco de burlas por las personas en su barrio y que solo encuentre consuelo en la naturaleza. Esta alianza entre las personas subalternizadas y la naturaleza marginalizada por el capitalismo aparece una vez más en esta novela de Roy.

El exceso de producción ha dejado inconclusa la muerte, ha obstaculizado el devenir de la cadena alimenticia, la circularidad de la vida en la Tierra se vuelve lineal en el momento en que a las vacas se les dio diclofenaco (relajante muscular) para que siguieran produciendo leche y sus carnes se ablandaran y los buitres se las comen envenenándose con este químico. Así como se oprimió a las vacas para producir, a los buitres con el diclofenaco, se oprime a Anyum/Anyuman con la burla por el hecho de ser diferente.

De esta manera esta novela desafía las categorías que fragmentan la realidad para hacerla controlable por la razón humana y, una vez más, muestra la posición política de la autora.

El mundo de las letras de Arundhati Roy es un mundo rico en crítica, realismo y en propuestas para habitar la realidad de una manera alternativa. En sus textos no abandona su posición política y ni su compromiso social, tanto así que ella cuestiona tanto en la forma como en el contenido las injusticias, la explotación de la naturaleza y la categorización del mundo desde definiciones que no son propias de la India, sino que son herencia de la colonización británica y de la globalización de finales del siglo XX y principios del XXI. Tal vez en sus textos no se encuentra una reconciliación, ni mucho menos una paz, pues su búsqueda no es por defender el concepto del “bien” –en términos morales– sino el del dharma, un concepto que le pertenece, pero que además encuentra equilibrio y armonía entre las formas de vida que habitan el mundo.


Bibliografía

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-Mendes, A., & Lau, L. (2020). The precarious lives of India’s Others: The creativity of precarity in Arundhati Roy’s The Ministry of Utmost Happiness. Journal Of Postcolonial Writing56(1), 70-82. https://doi.org/10.1080/17449855.2019.1683758

-Menazzi, F. (2019). “Too much blood for good literature”: Arundhati Roy’s The Ministry of Utmost Happiness and the question of realism. Journal Of Postcolonial Writing55(1), 20-33. https://doi.org/10.1080/17449855.2018.1507919

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-Roy, A. (1997). El dios de las pequeñas cosas (2nd ed.). Cecilia Ceriani.

-Roy, A. (2017). El ministerio de la felicidad suprema (1st ed.). Cecilia Ceriani.

-Roy, A. (2004). Public Power in the Age of Empire: Arhundati Roy on War, Resistance and the Presidency. Speech, San Francisco.


Blog de Ana María

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LITERATURA